Riquelme: en el centro del fracaso de Boca y el fantasma Passarella :: Olé


En estas horas aciagas, el nombre de Juan Román Riquelme cabalga desbocado por redes sociales y medios, con una carga negativa nunca antes vista, porque ahora la divisoria de aguas en torno a su figura, siempre controversial, dejó de estar en equilibrio. “El Passarella de Boca” gana terreno en comentarios de periodistas y tuiteros de a pie y, aunque la comparación todavía suena exagerada, encuentra argumentos pesados que la sustentan. El descenso a los infiernos, más que la pérdida puntual de la categoría, los iguala.
Ya no hay fracasos sueltos como islas pintadas en los arrabales de un océano. En la presidencia de Juan Román, al fin y al cabo, la debacle es la regla y no la excepción, al punto que se agotó la fórmula de buscar responsables aquí y allá, chivos expiatorios de turno para ir tapando el verdadero problema. Esta vez, el rey está desnudo de toda desnudez.
Su modo de gestión, y no el presente puntual del equipo, es lo que está en crisis. El comando a distancia; su poder de influencia inequívoco en una zona que debería ser restringida para los presidentes como lo es el vestuario; la elección y sostenimiento de técnicos muy permeables a sugerencias del círculo rojo del presidente; el permanente conflicto de egos con los jugadores; la elección de futbolistas que no están a la altura de un club como Boca; el sistema unipersonal de toma de decisiones. Todo este combo llenó de agujeros su gestión, que desborda de pus desde el mismo fútbol, lo que debería ser el fuerte de alguien que transitó este juego por décadas y de manera brillante, al punto de ser leyenda.
El Riquelme presidente no sabe lo que es ganar un título. El último fue el 1/3/23, la modesta Supercopa Argentina ante Patronato, con un hat trick de Benedetto, cuando el DT era Hugo Ibarra y el presidente Jorge Ameal, con Román a cargo del fútbol. Por el contrario, su presidencia acumula récords vergonzantes. El último, haber quedado eliminado de la Copa Libertadores en fase de grupos después de 32 años, luego de que un equipo chileno (la Universidad Católica) ganara en la Bombonera por primera vez en la historia. Pero el raid viene de lejos. Los tres años de JR son una colección de fracasos:
En la Liga Profesional 2024 (Diego Martínez DT) Boca perdió en semis a manos de Estudiantes, luego de que eliminara a River en cuartos. En la Copa Sudamericana quedó afuera con Cruzeiro en octavos de final, mientras que en la Copa Argentina (ya con Gago), cayó en semifinales con Vélez. Y en el campeonato quedó 6°, lejos de la lucha por el título, aunque alcanzó la chance de jugar el repechaje para entrar en fase de grupos de la Libertadores siguiente.
Cavani tuvo la clasificación para Boca
En 2025 la debacle fue peor. Se quedó afuera de la Libertadores en la noche fatídica con Alianza Lima, que determinó tiempo después el despido de Fernando Gago. En el Apertura, cayó de local en cuartos ante Independiente por los cuartos de final, con Herrón como DT interino. La llegada de Miguel Russo, sin embargo, no modificó la tendencia, ya que por la Copa Argentina, Boca perdió ante Atlético Tucumán en 16vos y en el Mundial de Clubes no pasó la fase de grupos después de un bochornoso empate frente a Auckland City, equipo semiprofesional neozelandés conformado por ferreteros, docentes y bancarios. Por último, ya con Claudio Ubeda al mando, Boca se quedó afuera, también de local, frente a Racing en semifinales del Clausura.
Este derrotero incluye otros hitos como las cinco eliminaciones como local (Alianza Lima, Racing, Independiente, Huracán en este Apertura y U de Chile), los dos años que estuvo el club sin ni siquiera jugar la Libertadores y un desfile de entrenadores que ahora sumará otra víctima. La última postal ante la Católica abarca imágenes igualmente dolorosas, con Cavani atornillado en el palco y sin poder jugar casi en todo el semestre, con Paredes casi inmóvil por una dolencia muscular, con Delgado en una pierna, y el técnico recurriendo a un jugador desgarrado (Merentiel), mientras ignora a futbolistas sanos (Zenón, Martegani, Janson, Alarcón) calentando el culo en el banco de suplentes. En un equipo, además, que se eliminó solo de la Libertadores, después de sumar seis puntos de seis en los primeros dos partidos, para luego ganar sólo uno en los siguientes cuatro y agregar otro semestre desastroso a la colección de sinsabores.
Así festejaron los jugadores de la Academia en la Bombonera @catasarra
El fracaso total del presidente sería perder el bastión del apoyo popular, que parecía inexpugnable e inalterable a las derrotas del equipo. Anoche, como sucedió antes, la Bombonera lo reprobó, de manera directa aunque no puntual, porque su nombre no estuvo vinculado a ningún cantito insultante, aunque el “que se vayan todos…” y “la Comisión, la Comisión…” lo incluyen de manera implícita. Riquelme conserva, hay que decirlo, un apoyo que todavía actúa como paraguas para que el reclamo sea mayor y precipite una crisis política. De todas maneras, la erosión del sustento presidencial es evidente, como lo fue el testimonio de hinchas que, a la salida del estadio, vomitaban ante los micrófonos de los distintos canales de TV la ira contra Román, como nunca antes se vio. En el mismo sentido, una encuesta de Olé lo señala como principal responsable de este mal momento con un número que asusta: 76% de los votos.
¿Habrá alguna reacción de Riquelme que implique un volantazo en la gestión? Hasta acá, ninguna tormenta lo hizo cambiar de modos ni de rumbo, pero nunca estuvo, como ahora, ante la necesidad de hacerlo, porque lo que está en juego es su propio destino político y, lo que no es menor, su lugar en el corazón del hincha de a pie. ¿Se animará a compartir el trono con alguna figura histórica de Boca que se haga plenamente cargo del vestuario? ¿Le entregará Román las llaves a un Palermo o a un Guillermo o a otro entrenador de jerarquía? Sin dudas, es lo que el momento requiere, si no quiere Riquelme terminar como Passarella…
Fuente: www.ole.com.ar



